Tiempo entre turnos
El colchón antes y después que evita quedar encadenado sin respirar.
Podés reservar unos minutos antes y después de cada turno, que el sistema bloquea automáticamente. El cliente no los ve como horarios disponibles y vos dejás de terminar una reunión a las 15:00 para empezar otra a las 15:00.
Por qué importa más de lo que parece
Sin colchón, la agenda se llena "perfecta" en el papel y es invivible en la práctica: no hay tiempo para escribir la nota de lo que pasó, ir al baño, preparar lo que sigue, ni para el turno que se estiró cinco minutos.
Y eso tiene un costo que se ve en otro lado: la agenda sin aire genera demoras, y las demoras generan cancelaciones. El cliente que espera veinte minutos porque venías corrido es el que la próxima no vuelve.

Antes o después: no es lo mismo
El colchón de después es el más útil y el que casi siempre conviene: es donde cargás lo que se habló, mandás lo que prometiste y ordenás para el siguiente.
El colchón de antes sirve cuando necesitás preparar algo: revisar la ficha del cliente, armar el espacio, leer el historial. Si no preparás nada, no lo pongas.
Cuánto poner
Depende de qué hacés entre turnos, no de una regla general. Dos preguntas que lo resuelven:
¿Cuánto tardo en dejar registrado lo que pasó? Eso es el mínimo de después.
¿Cuántas veces se me estira el turno? Si es seguido, el colchón es también el margen que evita que la demora se acumule sobre el resto del día.
En servicios cortos, cinco o diez minutos alcanzan. En reuniones largas o visitas, quince o más.

El colchón te come agenda. Con turnos de 30 minutos y 15 de colchón, cada turno ocupa 45: pasás de ocho a poco más de cinco por jornada. No es un problema —es el costo de trabajar sin correr— pero conviene decidirlo con el número a la vista y no descubrirlo cuando la agenda rinde menos.
Se configura por calendario
Como casi todo en la agenda, esto es por calendario y no por cuenta: tu consulta corta puede tener cinco minutos y la visita a domicilio, treinta. Ver Calendarios.
Errores comunes
No poner ninguno. La agenda se ve productiva y te deja corriendo todo el día.
Ponerlo enorme "por las dudas". Cada minuto de colchón es un minuto que no podés vender.
Colchón antes cuando no preparás nada. Bloqueás tiempo sin usarlo.
Configurarlo una vez y no revisarlo. Si notás que llegás tarde seguido, el colchón quedó corto.